miércoles, 22 de septiembre de 2010

Cualquiera opina

Cualquiera puede opinar, porque -para hacerlo- sólo hay que tener sentido común. Pero en aquello que juzgamos siempre se cuela una buena dosis de nuestros propios prejuicios, por más que realmente nos hayamos sentado a pensar en el asunto (cosa ya de por sí difícil, porque con este ritmo de vida solemos pensar mientras conducimos o entre camión o camión, entre quienes usan el democrático transporte público). Por eso, de verdad, me llama la atención la ligereza con que opinamos acerca del recién adquirido derecho de las parejas homosexuales para adoptar, en el Distrito Federal. Y, a diferencia de otros temas que también abordamos con ligereza (el combate al crimen, la pobreza, los pueblos indígenas, las elecciones, etc.), en el tema de la adopción por parejas homosexuales opinamos con mucha seguridad, como si estuviéramos situados en un olimpo moral o normal (como si la normalidad existiera).

Y el argumento de que la familia no debe cambiar, es el que menos comprendo. Para empezar, las familias siempre han cambiado, a lo largo de la historia. Es una verdad bien documentada por antropólogos, sociólogos y hasta economistas, porque las familias varían mucho en función del modo de vida o de la cultura material. Ahora mismo, en México, las familias están transformándose con la migración de los hombres hacia Estados Unidos. Otra cosa, el ideal de la familia nuclear que conocemos actualmente, apenas se puso de moda tras la revolución industrial. Y ya cambió hace años, con la entrada de las mujeres al mercado laboral. No estoy afirmando que da lo mismo hacia qué dirección cambien las familias, sino que el argumento en sí mismo de que la familia es única y debe permanecer, es falso.

Y para rematar, lo que creo más importante es que la familia que fundó a la sociedad -o que es la base de la sociedad- no es la de mami, papi e hijitos, sino la de un hombre, su hermana y el hombre que desposa a ésta. Lean a Lévi-Strauss si no me creen. Hace poco dijo uno de mis profes que si todos leyéramos a Lévi-Strauss no habría debate sobre la familia ideal.


Respecto a la situación de los hijos de las parejas gays, más que consultar a un psicólogo, me parece relevante revisar las investigaciones que al respecto se han hecho, porque no reflejan posiciones teóricas, sino que se acercan más a las realidades (en todo caso, consultar a un psicólogo que haya tenido práctica clínica con este tipo de familias, sería relevante). ¿Cómo viven los niños adoptados por familias homoparentales?, ¿es cierto que crecerán aislados de la sociedad? Ésta es una de las investigaciones que encontré (que tampoco son muchas) y fue realizada en Andalucía y Madrid. México no es España, definitivamente. Pero la verdad es que en nuestro país aún no se ha avanzado en el conocimiento del tema, porque sencillamente no tenemos los antecedentes.

“Las familias homoparentales y sus redes de apoyo social” (fragmento)
Ya vimos que la red social que envuelve a estas familias es ciertamente variada, puesto que es posible encontrar en ella personas con las que se mantienen lazos familiares o de amistad, al tiempo que personas heterosexuales y homosexuales.

Nos habíamos propuesto conocer cómo es el entorno social de estas familias, si son familias aisladas o integradas en la sociedad. Entendemos que nuestros datos han dado una respuesta bastante clara a esta pregunta: las familias que hemos estudiado están bastante integradas en la sociedad. Esto es lo que puede deducirse a partir de los distintos datos obtenidos, que pueden resumirse así: estos padres y madres disponen de una red de personas amplia y variada, con las que mantienen relaciones frecuentes y que les prestan apoyo suficiente.

Como veíamos, la amplitud media de la red de personas de que disponían estos padres y madres estaba justamente en el promedio de la sociedad española (10,8 elementos de la red social), de acuerdo con la baremación de Guimón et al. (1985, cit. en Díaz Veiga, 1990) y, si esto es relevante, no lo es menos que un cierto número de estas personas tengan ellas mismas hijos o hijas. Todo esto se vuelve particularmente valioso cuando se tienen criaturas, dado que surgen muchas situaciones en las que hay que tomar decisiones o en las que se puede necesitar un cierto apoyo instrumental o emocional (por ej., hay que decidir el centro escolar de una criatura, ésta se encuentra enferma, su padre o su madre está en una situación personal complicada o, sencillamente, ha de ausentarse de la ciudad por motivos laborales, etc.) En estas y otras situaciones que surgen con bastante frecuencia cuando se cría y educa a hijos o hijas, resulta especialmente importante disponer de una red de personas en las que confiar y a las que poder acudir (Palacios et al, 1998).

(…)

Nos parecieron también muy interesantes los datos que indicaban que un 60% de las familias homoparentales conocían a otras en las mismas circunstancias y que, además, este contacto aparentemente agradara a sus hijos e hijas, al tiempo que favoreciera las conversaciones en casa con respecto a los aspectos en común de estas familias. Creemos que estos datos son esperanzadores puesto que nos hablan de que en un grupo amplio de las familias estudiadas, niños y niñas tienen la oportunidad de conocer a otros en las mismas circunstancias y, por tanto, vivir su situación con menor sensación de excepcionalidad. (…) En cualquier caso, nos parece que estos datos apuntan hacia la necesidad de promover cauces de encuentro entre las familias homoparentales, experiencias que de hecho se han puesto en marcha en algunas ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia) y que en otros países han demostrado ejercer un papel importante (Patterson, 2002).

En definitiva, nos parece que los y las profesionales del trabajo social deben acercarse a las familias homoparentales libres de los prejuicios que una parte de nuestra sociedad mantiene con respecto a ellas, puesto que no tenemos razones para pensar que constituyen contextos de desarrollo más desamparados o aislados que los formados por las familias heteroparentales.

GONZÁLEZ, María del Mar; SÁNCHEZ, María Ángeles (2003). “Las familias homoparentales y sus redes de apoyo social”, en la revista “Portularia”, número 3, pp. 207 – 220. Universidad de Huelva. http://rabida.uhu.es/dspace/bitstream/handle/10272/152/b15148282.pdf?sequence=1

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